Diseñar acuerdos claros para un modelo sostenible
El trabajo híbrido se instaló en muchas organizaciones como una respuesta urgente a cambios externos. Sin embargo, en numerosos casos quedó en un punto intermedio: ni completamente presencial ni verdaderamente diseñado para funcionar a distancia. El resultado suele ser confusión, inequidades y desgaste silencioso.
Uno de los errores más comunes es asumir que el trabajo híbrido consiste únicamente en decidir cuántos días se trabaja desde casa y cuántos desde la oficina. Esta visión reduce un cambio estructural a una cuestión logística. En realidad, el trabajo híbrido transforma la forma en que se coordinan los equipos, se toman decisiones y se construyen vínculos.
Cuando no existen acuerdos claros, aparecen tensiones: personas que sienten que deben estar siempre disponibles, equipos que trabajan en horarios desalineados o colaboradores remotos que quedan fuera de conversaciones clave. Estas fricciones no son fallas individuales, sino consecuencias de un modelo mal diseñado.
Diseñar el trabajo híbrido implica responder preguntas fundamentales: ¿cuándo es necesario encontrarse presencialmente y por qué?, ¿cómo se toman decisiones cuando no todos están en el mismo espacio?, ¿qué expectativas existen sobre disponibilidad y tiempos de respuesta? Sin estas definiciones, el modelo se vuelve ambiguo y agotador.
Un enfoque sostenible reconoce que el trabajo híbrido requiere más intencionalidad, no menos. Supone establecer rituales de coordinación, reglas explícitas y espacios de encuentro con sentido. No todo debe ser flexible; algunas certezas son necesarias para que la flexibilidad funcione.
Las organizaciones que entienden esto no solo reducen el desgaste, sino que construyen modelos de trabajo más justos, eficientes y humanos.


