Cuando distintas edades trabajan juntas
Hoy es común encontrar en una misma organización personas de distintas generaciones, con experiencias formativas, tecnológicas y culturales muy diversas. Esto introduce tensiones, pero también una oportunidad significativa de aprendizaje colectivo.
Los conflictos suelen surgir cuando se asume que todos deben trabajar de la misma forma. Diferencias en estilos de comunicación, expectativas frente a la autoridad o relación con la tecnología pueden generar fricción si no se reconocen explícitamente.
Sin embargo, cuando estas diferencias se abordan desde la complementariedad, los equipos se fortalecen. Las generaciones más jóvenes aportan adaptabilidad y nuevas formas de pensar; las más experimentadas ofrecen contexto, criterio y visión de largo plazo.
El desafío no es eliminar las diferencias, sino crear condiciones para que convivan de manera productiva. Esto implica liderazgo consciente, reglas claras y espacios de diálogo intergeneracional.
Las organizaciones que logran integrar estas miradas no solo reducen conflictos, sino que toman mejores decisiones y desarrollan equipos más resilientes.


